
No hace falta saber más, no anhelo saber más, ni siquiera es esto necesario, hoy quiero escribir todo y nada a la vez, ser esclava de mis palabras, quiero sólo dejarme llevar por la furia de un titán hechicero que juega con mis pensamientos y palabras, que me hace parafrasear a los “expertos” a los admirados, ésta vez me dejaré envolver por aquello que algunos bienaventurados llaman demencia, me dejaré seducir por el acogedor regazo de un taciturno ocaso.
Mis intereses hoy viajan hacía rumbo incierto, no hablaré de política (porque es poco lo que sé), no hablaré de amor (al menos no intencionalmente) aunque debo admitir que es difícil huir de tan peculiar, odiado, amado y algunas veces menos preciado sentimiento, no pretendo hablar de ciencia porque de pronto las palabras no serán fluidas (contrario de lo que quiero) no invertiré letras en bienes raíces, no multiplicaré ni restaré palabras a mis intereses, no me interesa descubrir cuánto pesa un no ante dos sí, no voy a remontar viejas palabras en mi todavía pobre vocabulario, me niego a realizar (una vez más) una antología, ésta vez quiero lo que pocas veces puedo… escribir por escribir, ignorando prejuicios, vigilando de lejos algunos consejos de mis mentores, escribir con la celestial exención que sólo la escritura puede brindar, ser natural, ser por ser.
Después de malogrados intentos de poetizar algunas de mis ideas más extrañas, por ejemplo: intente describir la lucha entre un disidente bufón y un extraño conocido pirata, pero… sólo idealice un radical escenario, al bufón desafiando aquel pirata que sólo se volvía guerrero por el ansiado afán de diluirse entre fuertes vientos y agravantes mareas. El bufón, presa del capricho de la dulce burla, disfrutaba sabotear cada aspiración de aquel extraño desconocido, mientras el pirata hacía lo imposible por mantener el ancla a babor, al arrecife como su amigo, y a su pequeño cohorte alerta, tal enfrentamiento no parecía frenar o acelerarse por diuturnidad, todo era adecuado a la perfección. Se volvió una batalla de inteligencia (de las que hacen tanta falta ahora), jamás fue presenciado una colisión de imponentes espadas, jamás hubo unas “vencidas”, nadie fue testigo de un combate frente a frente, quizá porque el plan no era demostrar quién era el más peligroso sino porque el plan era sólo vencer al contrario… después de alucinantes escenario me di cuenta que no tiene sentido alguno continuar con una historia sin final. El mar seguirá lleno de leyenda… de quimera. El bufón no dejará de sonreír con tal gracia que me fascina y aquél pirata extraño desconocido, tendrá nombre algún día.
Entonces… pensé en trazar alguna historia perversa sobre una delicada princesa y un duque soñador… pero eso ni siquera pudo fluir porque jamás he creído en la existencia de tal “princesa”, prefiero pensar en una dama con fuerte armadura, en la perfección que irradia una mujer, en la fuerza de mil mares transformados en una suave y fuerte cabellera, prefiero admirar a la mujer como navegante de feroces oleadas, como fina y perfecta musa, es tan ansiado el rose de una caricia femenina que el acto es suficiente para doblar al más vigoroso roble. ¿Hablar de un duque? ¿Con qué fin? Si es apenas un aprendiz, si sólo sigue ordenes y planea destituir a otro para tener un nombre, me niego a dedicarle alguno de mis vagos y sosos pensamientos.
Las mentiras jamás han sido aliadas, me propuse no mentir para no engañar, para no lastimar, para poder sentir, porque… ¿cómo será mentir en un abrazo? La mirada puede ser educada para resistir ante una intrigante mirada, a una mirada que apenas sobresale entre lagrimas, es “sencillo” mentir cuando se espera una mentira, cuando un engaño es la mejor opción, cuando quién pregunta suplica una mentira, es “conveniente” mentir cuando de quedar bien se trata, se vuelve “propicio” mentir ante un capricho, es “valido” mentir ante otra mentira, es “placentero” mentir sobre lo que no deberíamos saber de nosotros mismos, son variadas las formas de mentir… con una mirada, con manos tranquilas, con sonrisas amenas, con pies inmóviles, manos secas y seño relajado pero… ¿mentir en un abrazo? No quiero saber de aquel o aquella que pueda lograrlo, no deseo conocer el rostro que aquell@s que pueden unirse en un delicado abrazo y seguir mintiendo, la falsedad no cabe en un abrazo, un abrazo SINCERO es para disfrutarse como una tarde de lluvia con tu mejor compañía, es para ser recordada y bien valorada como la Ilíada y Oleada, un abrazo SINCERO es suficiente para darle calor al desvalido, es idóneo para el amor, no imagino a alguien abrazando con falsedad y desamor.
Basta ya de tantas confusiones, de tantas mejores verdades, de tantas palabras sin sentido, basta de tanto flirteo con el ocio, basta ya de tantas pretensiones. El afán por decir cosas sin sentido para practicar el uso de nuevas palabras deberá esperar…

