inalcanzable

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5 de octubre de 2010

Sin ti... contigo


Una noche que parecía de fiesta, una razón invadida por el alcohol, una caminata nocturna para llegar a mi destino apenas a tiempo para verte en sueños y tú, despidiéndote de mí sin hacérmelo saber…

El sol aún se resguardaba en el frío de la noche, parecía esconderse de mí, quizá la luz que acostumbra divulgar un nuevo amanecer, celosa se guardaba para protegerte. Una llamada silenciosa dijo todo en un momento de nada, no necesite más para saber que tu cuerpo ya no era el mismo, que tus ojos jamás volverían a sonreírme, sólo fue necesario un silencio prolongado para saberme cerca de ti, para saber que nos esperan historias inconclusas, preguntas por responder y muchas travesuras por compartir.

La cita estaba pactada, tú, tu amada “chaparrita”, tu princesa, tus retoños, tus bellezas y tus querubines (actores principales) estaríamos allí para ti, sólo para verte iniciar un sueño eterno, para abrigar tu andar, para verte feliz una vez más, para admirarte en todo tu esplendor, con luz radiante que hacia brillar el lugar. Así fue, el plazo se cumplió y fuiste cobijado por lagrimas de alegría, sonrisas de dolor, miradas incrédulas, extensos rezos de quién aún no sabía como seguir algunas plegarias pero que ignorando su corta edad, sufría tu partida y se apoyaba en el eco de los asistentes para sentirte cerca, para pedir que despertaras.

Amenazas de llantos desconsolados se infiltraron en el aire, de pronto, la fuerza fue sólo una, los pensamientos se fundieron en un Hasta Pronto y el cielo se unió al sentimiento, algunas lagrimas cayeron desde lo alto, aún quiero pensar que fuiste tú el mejor espectador, quién se despidió con un rocío, el olor de rosas que llegaron tarde penetraron el lugar, fue una mañana llena de estúpidas discusiones que distrajeran el dolor, frío que fue contrastado por el calor de una familia unida y completa. Lo sé, no fue fácil ser feliz en plenitud mientras muchos te llorábamos, no fue fácil irte sin quererlo, no fue fácil sentirte solo en tus últimos suspiros, pero el cansancio dejaba estrago en todos.

Jamás he dominado el arte de las despedidas, jamás he podido decir adiós y menos si a quién digo adiós merece un quédate conmigo, pero… saber que no tenemos que despedirnos me reconforta, aún me cuidas, lo sé, aún me quieres lo siento, aún te sonríes conmigo, puedo imaginarlo, aún tienes palabras de aliento para mi, aún resuenan en mi memoria, te hice una promesa que cumpliré y cómo tú siempre me lo decías… no me rajaré, seré tu güera consentida, seré quién extrañe recortarte la ceja, quién extrañe tus horas frente al televisor, tu forma de comer, tu forma de vestir y tu belleza incomparable, seré quien extrañe amarrarse a la fuerza de tu cuerpo, seré quién cuide a tu princesa mientras te extraña, seré quién admire tu sonrisa en la adversidad.

GRACIAS, son mis palabras más recurrentes después de tu nombre, GRACIAS por ser un ejemplo de vida, por ser mi modelo de hombre perfecto, por tus fuertes y hermosas manos que fueron más que yunques en momentos de debilidad, GRACIAS por ser mi abuelito. GRACIAS por todo lo que me hace falta decir GRACIAS.

Hoy a un año de tu partida… sigues tan vivo como siempre. TE AMO Alfonso Oropeza López.

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